Derrochando en el afuera su densidad de sueño,
todavía mitigado y sin latitud tiembla a tientas,
caricia sin cascabel o estertor aún,
el ímpetu que asciende hacia la forma.
Arrabal de sombras, danza o aquelarre,
se esparce apenas por lo que rueda submarino,
plantando sus semillas en la sien de lo que yace.
Mas con la lentitud decapitada del aceite,
desprendiéndose vagamente por las lianas de lo amorfo,
se eleva la certeza del contorno hasta la frente de las cosas.
De repente: como incisión o asta desatada,
Trepando por la espalda de las sombras,
detona la línea denodada, la traición cotidiana del ensueño


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