Marx vs. Heidegger: en torno a los conceptos de mercancía y útil

Continuamos aquí nuestra disquisición en torno al concepto de producción en la filosofía de Deleuze-Guattari1. La dificultad de concebir el producto como producción estriba en la aparente arbitrariedad de la ecuación que transforma el producto en producto-producción. Sin embargo, esta dificultad no está tanto arraigada en un veleidoso antojo de Deleuze-Guattari (recordemos que esta misma convertibilidad se corresponde con una puntualidad rayana en la pedantería con las observaciones de Marx al respecto), como en una inveterada deformación intelectualista de la mirada: la que consiste en interpretar lo otro del conocimiento como objeto (Gegenstand) o realidad subyacente (hypokeímenon). Nada cambia en esta tendencia intelectualista la voluntad de interpretar la objetividad no tanto en clave gnoseológica como práctica, pues la filosofía práctica de cuño clásico interpreta, no menos que su contraparte gnoseológica, la acción como un punto fijo, la meta o fin en la que cristaliza o se realiza el acto. La acción funciona aquí como una suerte de tramoya que ilumina y da sentido a la praxis como proceso orgánico teológicamente dirigido hacia la consecución de un resultado. En cierto sentido, Marx no solamente anticipó la crítica heideggeriana a aquella actitud idealista que consiste en interpretar la cosa como mero-estar-ahí-delante (Vorhandenes) y no ya como “dispositivo-de-manipulacion” (Zuhandenes), sino que su crítica es, en cierta manera, mucho más radical. Finalmente, la utilidad del útil no desciende sobre este (Zeug) desde el cielo, y tanto el automóvil como los intermitentes de los que nos habla Heidegger en “Ser y Tiempo” (Heidegger, 1927, p. 105), fueron, antes de entrar en su utilidad, mercancías. Como la etimología de este último término sugiere (merk̂-: tomar, coger, abarcar), el ser-para-el-intercambio (a través del trueque en las sociedades primitivas, del dinero en las sociedades con formas de producción más “desarrolladas”) forma parte esencial de la estructura ontológica del dispositivo-de-manipulación, y no vemos ningún motivo que justifique la necesidad de despojar al útil de su carácter mercantil, siendo además el carácter y modo del intercambio (las relaciones de producción) que precede a la utilidad, lo que mejor revela el sentido de la utilidad, a saber, en la medida en que localiza la utilidad en el marco de las relaciones de producción social. Por otro lado, la “condición respectiva” (Bewandtnis) que circunscribe el manejo del útil en el marco del complejo referencial (Verwiesenheit) franqueado por la circunspección (Umsicht), no es capaz de agotar el sentido de la utilidad del útil. La comprensión del Dasein en su cotidianidad común (durchschnittliche Alltäglichkeit des Daseins) soslaya lo más común de la cotidianidad: la pertenencia del Dasein a un segmento productivo que determina el rango de uso del útil así como su utilidad. Ni la circunspección ni el franqueo de la condición respectiva, logran penetrar el complejo referencial que se establece entre las diferentes utilidades, cuyo uso es siempre ya un exponente de determinadas relaciones de producción. De haber tematizado este último aspecto, Heidegger se hubiese percatado de que la cuestión de la utilidad del útil es secundaria con relación a la cuestión de la asignación del Dasein, en tanto que producente, a un segmento de la producción, pues es esta asignación la que determina el sentido de la utilidad: en cada martillazo del martillo repica la dependencia del Dasein de un segmento productivo que determina, a su vez y por mor de un complejo referencial quizás todavía más profundo que la Bewanndtnis de Ser y el Tiempo, los diversos tipos de utilidad del dispositivo: La utilidad del útil, como reflejo del complejo referencial productivo, hace que la utilidad se espeje de forma diferente para quién usa el útil y para quien posee el útil como medio de producción. La pregunta “¿para quién es realmente útil la utilidad del útil?” se vuelve entonces tan acuciante como inevitable. En cualquier caso, y sea como fuere, la Zeugenalyse de Heidegger no excluye, sino que en un cierto sentido incluso presupone, la Warenanalyse de Marx. Pero más interesante aún es la siguiente pregunta, que nos permitimos apuntar en este lugar con riesgo de resultar enojosos: ¿se puede hablar en el caso del ser alienado y encadenado a las fuerzas de producción de un Dasein? ¿No es, por el contrario, el estar-ahí del Dasein alienado, un estar enajenado y semi-abolido, una forma de, en definitiva, no estar ahí del todo (Da-Sein)?2.

  1. https://cavilaciones.blog/2023/03/16/el-cuerpo-sin-organos-i-produccion-y-pulsion-de-muerte-3/
  2. Por añadidura, la alienación, en sí misma, se antoja del todo inasequible a la dupla autenticidad/inautenticidad, así como al constructo de una presunta tónica afectiva fundamental (Grundstimmung) llamada a devolverle al Dasein, por arte de birlibirloque, su pretendida la autenticidad. Que la tónica afectiva, que la afectividad en cuanto tal no dependen de la temporalidad privada de un Dasein, sino que son fenómenos de raigambre social, constituye una trivialidad recitada por el psicoanálisis desde sus primeros inicios y confirmada por las diversas ramas del saber (véase por ejemplo el “Malestar en la cultura”).


Una respuesta a “Marx vs. Heidegger: en torno a los conceptos de mercancía y útil”

  1. La utilidad no esta nunca en el util, ni su valor ni significado, sino que somos nosotros q nos lo imaginamos.

    Y honestamente, q algo tan evidente pasase desapercibido por estas gentes da por dudar de su supuesta sabiduria.

    Por cierto, interesante blog

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