Producción. Identidad entre la producción y su producto. Todo producto es a su vez producción. La meta, la entelequia, el fin, la definición… Todo es lo mismo: Cristalización y extracción de un tramo de producción (producción de producción); aislamiento y fijación de un segmento de producción que une dos objetos parciales, dos maquinas de producción, dos máquinas de máquinas. Construcción imaginaria de una cadena productiva orientada hacia un telos. Fetichismo de la finalidad, del objeto definitivo y completo en el que el deseo, al consumarse de una vez por todas, perece o se suicida (ultimación del deseo).
El deseo fluye y hace fluir, va de una superficie a otra, transformando los contornos en dintornos, los paisajes en pasajes, las estancias en instancias… El deseo desmiente la teleología de la objetivación. Pues nunca llega, sólo transita, transformando los ob-yectos en tra-yectos, los productos en producciones, los efectos en máquinas. El deseo es un fluido invisible que implosiona los objetos. En cada uno de ellos encuentra, al fundirlos, una salida lateral o subterránea: su maquinalidad productiva. Lateralidad y subterraneidad de la cosa-máquina frente a la opacidad del objeto. El deseo instancia la cosa-máquina (el objeto parcial) como semi-organismo o artefacto de fabricación: transforma los nodos-tránsito por los que circula en telar, en prensa, en artilugio.
Replica a El cuerpo sin órganos (I): Producción y pulsión de muerte – Cavilaciones: blog para el pensamiento y la filosofía Cancelar la respuesta