El periodo que va de 1905 a 1908 representa para Husserl una etapa marcada por la zozobra personal. En una nota leemos:
Espero poder recolectarme. Espero vencer la disociación interior. Quiero reorganizarme y conferir de nuevo a mi vida la relación unitaria con sus grandes metas (…) He de vencer o morir. Morir espiritualmente, sucumbir al combate por la claridad interior, por la unidad filosófica, vivir aún filosóficamente, espero que esto no me sea deparado (…).
Al cabo de años de dudas, depresiones, auto-laceración y reproches, Husserl consignará:
Mi personalidad, por desgracia, ya no puede darse la unidad de una visión del mundo (Weltanschauung), ni la de una formación (Bildung) libremente desplegada, armoniosa y orgánicamente constituida. Pero —gracias al cielo— no ha sido estéril, y además lleva nuevos frutos en plena maduración. No puedo ceder al desaliento, sino esperar; puedo considerarme feliz si logro desempeñar un trabajo del que puedan beneficiarse las generaciones futuras.
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2. El Bildungsroman filosófico y la fractura subjetiva
El drama que se despliega ante nuestros ojos, parece adoptar la forma de una suerte de Bildungsroman filosófico. La forma del desarrollo y la carencia de soporte unitario esboza vívidamente con dos décadas de antelación aquello que Walter Benjamin opondrá críticamente al concepto goethiano del Bildungsroman. En efecto, el concepto de formación, tal y como este se esboza en la confesión de Husserl, lejos de apuntar hacia una armonía entre subjetividad y mundo, anuncia más bien una irreparable fractura entre ellos.
La confianza en la cultura, como espacio seguro o albergue del desarrollo personal, también sufre una dislocación decisiva, anticipando el pathos en que habrán de moverse posteriores desarrollos de su pensamiento (pensemos, por ejemplo, en el motivo de la Erneuerung de la humanidad a partir de los años 20). La posibilidad de un paso orgánico del caos a la unidad, también parece haber sido conjurada, al menos en gran medida; pues, en su lugar, nos vemos confrontados con una lucha por la coherencia personal y filosófica que avanza a empellones, sin avales ni garantías, haciendo de la crisis y el sufrimiento moral el acicate de toda redención posible.
Dicho con otras palabras: el desgarramiento, en lugar de ser domeñado o incluso superado narrativamente, es la fuente de toda narración, de toda —por qué no decirlo— Sinnbildung.
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3. Dislocación estructural y nueva arquitectónica del sentido
La fractura biográfica y espiritual que Benjamin habría leído como la imposibilidad moderna de una formación unitaria se convierte, en la lectura richiriana, en el síntoma filosófico de una dislocación estructural: la que desgarra la continuidad entre génesis y estructura en el seno mismo de la fenomenología. En esta grieta —entre la vida y el logos— se fragua la necesidad de una nueva arquitectónica del sentido.
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4. Catarsis motora y dispersión de la fenomenología
Richir interpreta esta tendencia hacia la disgregación personal tal y como esta transparece en las notas personales de estos años, como una especie de catarsis motora, en la cual vendría a expresarse la disgregación estructural que la polaridad de la génesis y la estructura en su obra.
En efecto, las investigaciones sobre el origen de la conciencia del tiempo interno, así como el intento de llevar a cabo una estética trascendental o doctrina integral de las apercepciones (espacio, percepción, imaginación, etc.), habrían sacado a Husserl de la órbita en la que aún gravitaban sus IL. El orgullo que henchía antaño su corazón con la perspectiva de acceder a “un discernimiento lógico real, a una teoría del conocimiento y una crítica de la razón en general”, parece haberse esfumado hogaño, pulverizado en un cierto deslavazamiento y dispersión.
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5. Peligro de disgregación entrópica e idealismo moral
Así, en la proliferación disparate de investigaciones incapaces de engarzarse en la estabilidad estructural que Husserl creía haber descubierto en las IL, se pone de manifiesto el peligro de una disgregación entrópica de su identidad filosófica (Richir no cesará de hablar de desequilibrio, de inestabilidad). El recurso al idealismo ligará esta economía de la disolución a una tendencia negantrópica, vinculada con la renovación moral y científica de su personalidad filosófica, pero también de la cultura en general (véanse a este respecto, los Kaizo-Aufsätze).
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6. El parpadeo fenomenológico y la esquizofrenia trascendental
El Bildungsroman husserliano representa ya, al menos en la exposición richiriana, una suerte de puesta en obra del parpadeo fenomenológico. El pensamiento de Husserl parpadea aquí entre la nostalgia de una identidad estructuralmente saturada que desearía poder perpetuarse en la claridad y legibilidad de una iteración sin ambages, y la disgregación en una esquizofrenia trascendental, náusea de un pensamiento incapaz de retomarse en el vértice de su aniquilación.
La reducción fenomenológica, que es esbozada y articulada en La idea de la fenomenología, aparece como un corte salvífico. Este corte no va a acarrear tanto una segregación del elemento empírico como su integración fenomenológica en una instancia estructural susceptible de organizar la dispersión de los fenómenos en una matriz orquestada por el ideal de la autodonación y el dominio eidético de la fenomenalidad. Sin entrar a la exploración de la articulación de este aspaviento metódico, tal y como este se nos ofrece en las cinco conferencias del año 1907, baste señalar que ahí Husserl desarrolla casi todo el utillaje conceptual de la fenomenología trascendental: reducción, actitud natural, actitud trascendental, reducción eidética, despsicologización de las cogitationes, etc.
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7. Teoría de la lectura en Richir y fenomenología como parpadeo
Con esto están sentadas las bases de la lectura richiriana de Husserl, con buena parte de sus claves “hermenéuticas”. De lo expuesto se desprende lo siguiente: para Richir el enorme corpus del pensamiento husserliano no se limita a recoger una serie de tesis, las cuales pueden —sea dicho de paso— evolucionar, contradecirse, complementarse, ampliarse. La aproximación filológica a este corpus, parece presuponer que detrás de su escritura hay un pensamiento más o menos estático, al que le acontece ir abriéndose, bajo la tutela de la evidencia, a nuevas perspectivas, a nuevos estados de cosas, formulados de forma doctrinal. El desarrollo de la fenomenología genética decantaría una nueva fase de este pensamiento, siempre abierto al peso de la evidencia, pero sin meter en solfa el paradigma del aplomo del pensamiento en la objetividad de la evidencia.
Pues bien, la teoría de la lectura que Richir propone en su Mémoire se inserta —a mi modo de ver— en el marco general que se asienta sobre esta forma de entender el parpadeo. El pensamiento de Husserl es eminentemente fenomenológico. Su vivacidad se cifra en el incesante parpadeo que lo hace bascular entre la seguridad simbólica (sutura) y la tendencia a la dispersión (borradura o effacement). La aproximación filológica al corpus husserliano es expresión de una fijación metafísica del signo como expresión de un pensamiento categorialmente investido que avanza a golpe de evidencia.
Para Richir, si el signo en que el pensamiento de Husserl se precipita ha menester de una teoría de la literatura, es porque su naturaleza es eminentemente divergente: la cifra o marca del doble movimiento entre fijación y dispersión.
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8. Conclusión: reescenificación fenomenológica y fundación en la inscripción
Este parpadeo no es, sin embargo, una patología a corregir, sino una condición estructural de la inscripción del pensamiento en la lengua. Si la fenomenología husserliana no cesa de tropezar con sus propias huellas, es porque el sentido que persigue está siempre ya diferido, arrastrado por una falta de estabilidad y vivacidad que escapa a priori a toda síntesis final. En este marco, la lectura richiriana no quiere ser una interpretación, sino una re-escenificación fenomenológica del drama de la génesis: ahí donde el pensamiento cree fundar el mundo a partir del sentido, descubre su propia fundación en el abismo abierto por la inscripción.
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