Ni en los libros ni en la religión establecida
Ni en la faramalla que vierten al mundo las pantallas
Ni en el encono de la razón adocenada.
Tú estas en lo que se regala sin impostura
En lo que sin pretensión revela la órbita legible y pura
En el mañana que promete la mirada inopinada
En el risueño candor de la mejilla enamorada
En el llanto fervoroso del niño menesteroso
En el canto harmonioso del ruiseñor parsimonioso.
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