
Misterio es de lo sensible
que el álamo flamigero
sepa llorar con desgarro
hasta en el rincón del pecho avaro
la soledad del erial.
Misterio es de lo visible
que los reflejos tengan nombre,
y que todo lo perceptible
al molde de lo sonoro
con osado candor se doble.
Misterio es de lo tangible
que lo que ofrece su mordisco
a la mano de yema alegre
deponga su tacto arisco
en la jofaina del ser.
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