
Que emigre el arlequín a su baúl sin regocijo
Que deje los patios, las avenidas y los bulevares
Pues llega el otoño con sus marchitos hontanares
E hirsutos los vientos lijan de la fronda el hollejo
Que repose la hojarasca despeinada en los tremedales
Que la sabia se recoja de los troncos sin enojo
Y regrese yerma al surco de los pedernales
En los austeros paisajes sin truco ni trampantojo
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