
Llegas imbuido de aire sincero
con tu moño de ocres
y descreído como eres
doblegas lo verde en austero.
Entre las sendas de los hayedos
con el color de la sangre
conminas a dejar lo alegre
a los excéntricos peregrinos.
Desde la desnudez que al fuego
tirita rigor de humildad
desminties la vana fatuidad
sin incurrir en ningún desapego.
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