Husserl y Derrida: Ontología, dialéctica, conciencia del tiempo

Por lo que toca a la conciencia del tiempo interno, la cuestión de la dialéctica se presenta bajo una doble faz. Por un lado, la retención como modificación espontánea de un ahora en defunción y que comienza a deshilacharse (der Kometenschweif) forma, con necesidad mereológica, parte de la conciencia original del tiempo, quedando así integrada en el complejo protoimpresivo como ingrediente ineludible (momento abstracto de un concreto englobante). La protoimpresión como centro original no modificado del que fluye y en torno al cual se ancla la fase de presencia, se configura en derredor de un horizonte de modificación igualmente original, compuesto por toda una pléyade retencional de “ahoras” ligeramente desfasados respecto del ahora protoimpresional. Esta cohorte de “ahoras” en desfase se presentan, en razón de su modificación original, desplazados de la zona protoimpresional no modificada, la cual se halla sometida a un proceso de continua renovación en la que un nuevo ahora desaloja al ahora anterior, al que desplaza incesantemente del centro protoimpresional. En puridad, hablar de un centro protoimpresional es hablar en metáforas. Pero en el nivel fenomenológico en el que nos encontramos, la metáfora no constituye un modo de hablar modificado por relación a otro modo de hablar original, un decir pretendidamente descriptivo que, cerniéndose sobre la esencia de las cosas, las captase acaso con fidelidad realista en su esencia eidética inamovible. Pues lo que aquí se despeja como centro no es sino el vértigo de un puro fluir, la pura prodigalidad difusiva y siempre renovada de “yaes” insituables que no cesan de mudarse en “no-yaes”. No sería descabellado conjeturar que la vivacidad de lo protoimpresional que infunde vida a la subjetividad trascendental provenga del movimiento de la modificación en cuanto tal antes que del impacto de la protosensiación -en tanto que densidad afectiva constituida exógenamente- sobre la superficie emulsiva de la conciencia (paradigma de la receptividad pura). En cierta medida, lo que constituye la fase de presencia es la incesante modificación del “punto” protoimpresional, que más que un punto fijo designa, como el propio Husserl viene a reconocer, un límite. Sea como fuere, la metáfora parece erigirse en la base lingüística original al servicio la descripción. En cualquier caso la descripción de la constitución de la fase de presencia implica la participación (la concrscencia) de lo “constituido” en el seno de la constitución: “Es necesario que la temporalidad de la vivencia inmanente sea el comienzo absoluto de la aparición del tiempo gracias a una retención; ella no inaugura más que en la tradición; ella no crea más que por que cuenta con una herencia histórica” (Derrida 1990, p. 123). Aquí nos sale al paso una dialéctica que solapa en mutua reciprocidad las dimensiones de la constitución y lo constituido: lo constituido (la retención) forma parte de la concreción fenomenológica protoimpresiva en tanto que fase de presencia originalmente constituyente. Derrida formula este Sachverhalt de la siguiente forma: ”el presente originario y constituyente sólo es absoluto en su continuidad con un no-presente que está a la vez constituido antes que él, por él y en él. La síntesis originaria es justamente aquella de lo constituido y lo constituyente, del presente y del no-presente, de la temporalidad originaria y de la temporalidad objetiva” (p. 123).

El último elemento del tricolon introduce el segundo aspecto dialéctico de la constitución de la conciencia del tiempo interno que nos gustaría caracterizar, el de la dialéctica de la temporalidad originaria y la temporalidad objetiva. Podemos resumir el meollo de esta dialéctica como sigue: la síntesis de los modos de donación (Gegenbenheitsweisen) en los que se escorzan las manifestaciones intencionales de un objeto temporal dado en tanto que menciones de sentido noemático parecen presuponer el ser trascendente que en ellas se espeja intencionalmente (qua sentido intencional), pues la síntesis a priori de los diferentes modos de donación (de los diversos noemas u objetos temporales que componen el flujo) parece llevar su organización a cabo en función de y con vistas a tal mención. Aquí todo ocurre como si el objeto intencional hubiese ya siempre precedido a la vivencia intencional como una suerte de huella prelocativa que orienta y ordena los procesos sintéticos (apriori) originales de la conciencia interna del tiempo en función de un télos que es ya un arché. El futuro anterior del que nos hemos servido para manifestar la antecedencia de lo constituido sobre lo constituyente apela a otra temporalidad, al tiempo de una dialéctica sin tiempo y que sin embargo da aquí el tiempo de una síntesis, de una síntesis que habrá de ser buscada y de la que depende que los hechos y constituciones heredadas se transformen en sentido, es decir, en esencias concretas desveladas en una intuición original y productiva. Justamente este tiempo anterior al tiempo acarrea la necesidad de una investigación genética que se anuncia como una necesidad inscrita en el corazón de la fenomenología estática. Si la primera dialéctica (dialéctica constitución/consituido) se jugaba en el orden de la intencionalidad lateral (Querintentionalität), esta nueva variante dialéctica (dialéctica trascendental/mundaneidad) se juega en el orden de la intencionalidad longitudinal (Längstintentionalität).

A los dos momentos dialécticos que acabamos de describir, en los que se anuncia una amenaza para la estabilidad de los análisis husserlianos, se junta un tercero arquitectónicamente más englobante, si bien sus meandros de problematicidad rozan y atraviesan los dos primeros de diversas maneras. Esta vez la formación dialéctica que pone de relieve Derrida se cierne sobre las relaciones que median entre la subjetividad trascendental y la conciencia del tiempo interno. De manera muy sucinta enunciaremos el problema por medio de una cita: “La subjetividad absoluta del flujo temporal puro tan pronto es una conciencia trascendental, como una temporalidad substancial en sí, como la actividad a partir de la cual se constituyen las diversas vivencias temporales, como el substrato de todas las modificaciones del tiempo” (p. 128). Entre todas estás determinaciones, en parte amfibológicas y oscilantes, se abre una holgura en virtud de la cual la subjetividad trascendental parece recibir de un lado componentes temporales exógenos ya constituidos (¿de dónde surge la protoimpresión?) sin renunciar a su pretensión constituye universal. En esta oposición se abre camino la necesidad de liberar una esfera que trascienda la actividad constituyente de la conciencia en dirección a una pasividad de la que la reflexión estática ya no consigue dar cuenta. Mientras exista un hiato que opaque o enturbie las relaciones internas entre la subjetividad trascendental y la conciencia interna del tiempo, mientras pervivan determinaciones temporales no explicitadas a partir de una síntesis a priori que permita ver cómo conciencia y esencia coinciden en la transparencia de una autopoiesis trascendental, el riesgo de la abstracción y el formalismo no podrán ser completamente conjurados.

Bibliografía

Derrida: Derrida, J. (2010). Le problème de la genèse dans la philosophie de Husserl. Francia: Presses Universitaires de France.



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